Abriendo puertas sin miedo

En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto a sus enemigos ya que a sus prisioneros, no los mataba, si no que los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado, y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre.

En esa sala, les hacía formar un círculo y les decía:
– Ustedes pueden elegir entre morir a flechazos por mis arqueros o pasar por aquella puerta. Detrás de esa puerta, YO LOS ESTARÉ ESPERANDO.

Todos elegían ser muertos por los arqueros.
Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo había servido al rey, se dirigió al soberano y le dijo:

Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?
– Dime, soldado.
– Señor, ¿qué hay detrás de esa puerta?

El rey contestó:

–  Ve, y mira tú mismo.

El soldado abrió temerosamente la puerta, y a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y la luz invadió el ambiente. Finalmente, sorprendido, descubrió que la puerta se abría sobre un camino que conducía. ¡a la LIBERTAD! El soldado, embelesado, miró a su Rey, quien le dijo:

– Yo les daba la oportunidad de hacer una ELECCION, ¡pero por temor preferían morir a arriesgarse a abrir esta puerta.

Mi reflexión:

A menudo dejamos de hacer aquello que nos gusta por el miedo al qué pasará, lo desconocido nos bloquea y nos hace no evolucionar, y es de dónde surge la zona de confort, preferimos quedarnos en el mismo sitio siempre.

De esta manera nos estamos perdiendo muchas cosas por pensar que lo nuevo puede ser malo y nos quedamos en la oscuridad por no cruzar una puerta que tal vez nos lleve a la luz…

Recuerda la frase: ” Quien no arriesga no gana”.

El valor de las cosas

Cuentan que un joven visitó un día a un sabio maestro del budismo. Necesitaba entender por qué se sentía tan poco valorado.

―Maestro, vengo porque me siento muy poca cosa. La gente me dice que no sirvo para nada, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. Parece que a nadie le importo, que los demás no me aprecian ¿Cómo puedo cambiar? ¿Qué puedo hacer para que los demás me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

—Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, primero debo resolver mi propio problema. Quizás después… —y tras una pausa agregó—. Pero si quieres echarme una mano, podría resolver el tema que me preocupa con más rapidez y después tal vez podría ayudarte a ti.

—Encantado, maestro —respondió el muchacho, pero sintió que otra vez era depreciado y sus necesidades postergadas.

—Bien —asintió el maestro.

A continuación, se quitó un pequeño anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y se lo dio al muchacho.

—Me urge vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario obtener la mayor suma posible, pero no aceptes por él menos de una moneda de oro. Monta el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Vete ya y regresa con la moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a todos los mercaderes. Estos lo miraban con cierto interés, hasta que el joven decía lo que pretendía obtener por el anillo. Cuando mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban la espalda y otros se indignaban.

Solo un viejecito fue amable con él y se tomó la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado para entregarla a cambio de un anillo tan pequeño, pero que por ayudarlo, él le ofrecía una moneda de plata y un cacharro de cobre. El joven, que tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, le dio las gracias, pero rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona con las que se cruzó en el mercado —más de cien— y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

—Maestro —dijo— lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

—Qué importante lo que dijiste, joven amigo —contestó sonriente el maestro—. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te daría por él. Pero te ofrezca lo que te ofrezca, no se lo vendas.  Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero miró detenidamente el anillo, lo examinó con su lupa, lo pesó y luego dijo:

—Dile a tu maestro que si lo quiere vender ya, solo puedo darle cincuenta y ocho monedas de oro.

—¡¿Cincuenta y ocho monedas de oro?! —exclamó el joven.

—Sí, lo siento —replicó el joyero—. Seguro que con tiempo podríamos obtener por él más de setenta monedas, pero si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

—Siéntate —dijo el maestro después de escucharlo—. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única y como tal, solo puede valorarte verdaderamente un experto. ¿Crees que cualquiera puede descubrir a simple vista tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

Texto budista.

Mi reflexión:

Esta fábula budista tiene que ver con la autoestima y el valor que cada uno nos damos a nosotros mismos.

A menudo nos infravaloramos y tenemos demasiado en cuenta lo que nos dicen los demás, cuando a veces ni siquiera nuestro entorno más cercano llega a conocernos plenamente o a darse cuenta del valor que tenemos realmente.

Constantemente nos derrumbamos y nos creemos lo negativo que los demás dicen de nosotros y con ello nuestra autoestima baja, entristecemos y si no lo sabemos parar puede acabar en depresión.

Acude solo a aquellos que saben valorarte realmente, que te conocen y que saben hallar el valor esencial de las cosas, pero, ante todo, aprende a valorarte tú miso, no dependas de que tengan que ser los demás los que te digan lo que vales, cree en ti así como tus dones y habilidades.

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Momentos de cambio

IMG_20200316_185951_resized_20200316_070646834¿Quién nos lo iba a decir? Hace unas semanas seguíamos nuestra rutina como si nada, con nuestras manías, nuestras ideas, las costumbres diarias, nuestra vida social, el trabajo…

Y todo de forma automática. Dábamos todo por hecho, si hoy tengo esto….mañana también va a estar todo igual.

Y llega un momento en el que la vida lo para todo de repente, te asustas, te sorprendes, te sobresaltas… y entonces llega la angustia, la desesperanza, la ansiedad, la depresión. ¿Por qué tiene que pasar esto?. ¿Es un sueño o está pasando de verdad?

Hay cambios tan drásticos que a veces nuestro a cerebro no le da tiempo a sobrellevarlo, a digerirlo… y se colapsa.

 Y algo que tienes que aprender es que cuando la vida nos trae un cambio, es porque tenemos que pararnos a reflexionar.

Pues bien, estamos pasando mundialmente por un gran cambio, algo que nos sobrecoge, nos sorprende y hace que de repente nuestra vida cambie y dé un giro de 365 grados.

 ¿Quién nos iba a decir hace apenas unos días que hoy nos íbamos a encontrar  millones de personas encerradas en nuestras casas por el bien de todos?

Que no íbamos a poder salir a la calle, que no íbamos a poder dar abrazos, besos, ni contacto con nadie, que por un tiempo se acabaron las zonas de ocio, las reuniones con los que queremos, los paseos por la playa, por el monte, viajar, conocer nueva gente, nuevos sitios… por unas semanas todo eso se acabó.

Es curioso como ahora que nos lo tienen prohibido nuestra mente empieza a darse cuenta de lo importante que era eso que hacíamos a diario, la importancia que tienen esas pequeñas cosas a las que de normal no le damos importancia.

¿ Ahora que la vida nos ha paralizado qué es lo que más añoramos aquello material o lo emocional?

Creo que la mayoría de nosotros se conformaría simplemente por dar un paseo por la calle, ver el sol, bailar bajo la lluvia o simplemente besar y abrazar a todos aquellos que queremos.

Por ello, no es momento para el pánico sino para la reflexión, que nos sirva para cambiar, para valorar lo que tenemos y que no solemos darle importancia, para empezar a agradecer las pequeñas cosas que la vida nos suele dar, es momento de despertar y de dejar de vivir de modo automático como si fuéramos robots programados solo para hacer siempre lo mismo.

Aprovecha este momento para meditar sobre lo que de verdad importa en esta vida, para darte cuenta de que la vida nos pide siempre que todos seamos uno, que el egoísmo destruye pero la empatía, la generosidad y la unión son los valores que nos hacen grandes e indestructibles ya que cuando hay algún verdadero problema lo solucionamos uniéndonos, pensando que nadie es más que nadie, que el dinero no te hace eterno y que para lo que de verdad importa… no sirve de mucho.

No te dejes llevar por el miedo y la desesperación, cambia de pensamiento, tómatelo como un tiempo para aprender y valorar lo que de verdad importa. Si no puedes salir de casa empieza a darte cuenta de cuáles son tus sueños, de qué es lo que te hace feliz. Lee, busca documentales constructivos, aprende a hacer cosas que antes no sabías, disfruta cocinando, pintando, aprendiendo a tocar un instrumento….

Si estás enfocado en el por qué de la situación, en la necesidad de saber cuándo acabará, en lamentarte y quejarte todo se hará más duro, por eso simplemente cambia tu manera de ver las cosas, siempre hay un lado positivo que cuando lo ves cobra más fuerza que el negativo.

Y por favor, empieza a quererte más, aprovecha para sanar tu interior, no guardes rencores, solo te impiden ver las cosas buenas que siguen sucediendo en tu vida, aprende de los errores para no volver a cometerlos, empieza a hablarte de otra manera más respetuosa y con amor, pues solo cuando uno se ama de verdad es capaz de ver el amor que hay en los demás, cuando estás enfocado en lo negativo por mucho que brille el sol solo verás nubes negras.

No te rindas, recuerda que estamos juntos en esto, que la unión hace la fuerza y que todos tenemos que poner de nuestra parte.

Que todo esto sirva para hacernos más fuertes y hacer del mundo un sitio mejor.

Hacía mucho tiempo que no veía un arcoíris y la casualidad que justo después de un tiempo sin escribir y en un momento extraño para todos… el cielo nos muestra que el mundo es mágico y que también suceden cosas maravillosas.

Raquel Alarcón Molina.

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EL HELECHO Y EL BAMBÚ

 

psicólogos en murcia,helecho y bambú

Un día decidí darme por vencido…renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi vida. Fui al bosque para hablar con un anciano que decían era muy sabio.
-¿Podría darme una buena razón para no darme por vencido? Le pregunté.
-Mira a tu alrededor, me respondió, ¿ves el helecho y el bambú?
-Sí, respondí.
-Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú.
-En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
-En el tercer año, aún nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
-En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
-En el quinto año un pequeño brote de bambú se asomó en la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante.
-El sexto año, el bambú creció más de 20 metros de altura. Se había pasado cinco años echando raíces que lo sostuvieran. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.
-¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces? Le dijo el anciano y continuó…
-El bambú tiene un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos son necesarios y hacen del bosque un lugar hermoso.
-Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida, le dijo el anciano y continuó…
-La felicidad te mantiene dulce. Los intentos te mantienen fuerte. Las penas te mantienen humano. Las caídas te mantienen humilde. El éxito te mantiene brillante…

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces…

Anónimo

 

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Como hacer frente al síndrome post-vacacional de la Navidad

psicólogos en Murcia Raquel Alarcón 2Hace unos días que dejamos atrás la temporada navideña dónde por lo general nos solemos rodear de nuestros seres queridos. Es una época en la que por lo general vemos caras sonrientes, felicidad, nos colmamos de regalos, caprichos y comidas en exceso.

Suele ser una época en la que nos invade la nostalgia, añoramos tiempos pasados, recordamos personas que ya no están y esos momentos tan felices que nos dejaron. El comienzo de un nuevo año nos lleva a la reflexión, a plantearse los errores cometidos en el año que dejamos para proponernos nuevos retos para cumplir por sentirnos en cierta forma culpables.

Pero ahora ya todo aquello pasó, acabaron esos días libres, esas fiestas y nos enfrentamos a la vuelta a la rutina y a poner otra vez los pies en el suelo y por eso ante un cambio tan brusco, muchas personas se sienten decaídas. Ya no hay reuniones entre amigos y/o familiares, ya no hay comidas copiosas, ya no hay regalos, ni luces ni canciones a nuestro alrededor y entonces nos puede invadir un sentimiento de cierta tristeza y desazón que no nos deja ser libres.

A esta sensación se le llama síndrome post-vacacional, y puede darse tanto después de verano, como después de Navidad. Quién lo sufre tiene una sintomatología similar al estrés cuando, pues tras un tiempo de descanso les cuesta atender al alto número de demandas que supone la vuelta a la rutina de su vida diaria o el regreso a su vida laboral.

El síndrome postvacacional no suele durar más de 2 ó 3 de semanas pero en ocasiones la presión de la vuelta al trabajo y/o a la rutina diaria puede causar estrés agudo  y sus síntomas son tales como palpitaciones, sudoración, hiperventilación, taquicardias, temblores, cambios de humor, ansiedad

Sus síntomas suelen ser tales como:

  • Bajo estado de ánimo.
  • Apatía.
  • Ansiedad
  • Falta de energía.
  • Percepción de no ser capaz de adaptarse de nuevo al entorno laboral.
  • Decaimiento.

 

 ¿Cómo superar la depresión navideña?

No te compares con nadie. Es cierto que podemos tener alguna carencia o dificultad, pero el compararse sólo sirve para sentirnos aún peor. Recuerda que todos tenemos capacidades destacables positivamente que otros no tienen y solo vemos lo que los demás quieren que veamos, es decir, puede que pienses que ese vecino tiene una vida maravillosa porque tiene un buen trabajo, o porque se ha comprado un gran coche pero más allá de todo ello se esconden otras cosas que tú no ves.

Crea pensamientos agradables. Cuando te des cuenta de que tus pensamientos destacan por ser negativos enfócate en todo aquello positivo que te rodea.

Practica Mindfulness. Está demostrado que la atención plena te puede ayudar a estar relajado y sentirte en paz.

Apúntate a alguna organización solidaria. Si en la Navidad te rodeaste de un ambiente positivo y solidario no tienes por qué dejar que ese sentimiento se limite solo a unos días, ayudar a los demás nos enriquece como personas y nos hace aprender a valorar aquello que nos rodea y a lo cual no le damos importancia.

Reúnete más a menudo con la familia. Si estas fechas has disfrutado con su compañía no te limites a dejar este valioso tiempo a unas fechas concretas. Plantéate una rutina de llamadas o quedadas para ello te puedes ayudar de una agenda, apunta esos días en los que dispones de ese tiempo para disfrutar de una buena compañía.

Procura dormir 7 u 8 horas. Lo normal es que durante las vacaciones hayas alterado tu horario de descanso. Hay que volver cuanto antes a los ritmos normales. El cansancio físico solo emporará el malestar.

No dejes solo para las vacaciones todo aquello que resulta gratificante. Hazte una lista de todas aquellas cosas que te gusta hacer y empieza a hacerlas. Recuerda el dicho de “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

Haz algún tipo de actividad deportiva.  No hay nada que pueda ayudarte más.  Tan sólo 20 minutos de ejercicio físico marca la diferencia y te hace estar con más energía. Si no te gusta hacer deporte sal a andar o practica el senderismo, de esta manera además de llevar una vida más sana puedes disfrutar de los paisajes que te vayas encontrando.

Ayúdate de la música para salir de ese estrés. Recuerda esta frase de Platón: “La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”. Escuchar música hace que nuestro cuerpo segregue endorfinas, actuando como neurotransmisores y produciendo muchos efectos beneficiosos así que nada mejor que comenzar el día con canciones positivas que nos alegran el alma.

Si después de practicar estos consejos sientes que todo sigue igual y no consigues salir de este estado negativo lo mejor es que acudas al psicólogo el cual después de estudiar tu caso y tus síntomas te dará una serie de pautas que mejor se adapten a ti.

Texto de Raquel Alarcón ( Psicóloga en Murcia)

El sol

psicólogos en Murcia Raquel Alarcón 1En cada amanecer el sol vuelve a brillar cada día a tu alrededor, es un contínuo que no deja de funcionar, da igual como haya sido el día anterior, da igual si en alguna parte hay nubes que tapan todo su esplendor, él sale todos los días sin importarle más que seguir con su movimiento, sabe que tiene una misión muy importante en la vida, sabe que es único por eso desempeña cada día su trabajo y cada día actúa viviendo el momento presente , sabe que es lo único que existe y no se para a pensar en lamentarse por lo que hizo o preocuparse por lo que hará.

No se para a pensar si hay personas que lo maldicen porque se ha acercado demasiado y se abrasan de calor o hay personas que lo añoran porque se alejó demasiado y necesitan su calor.

No se para a odiar a las nubes porque impiden que brille en toda su esplendor, no odia al viento ni a la lluvia…. el sol simplemente sabe lo que tiene que hacer y que preocuparse por lo que opinen solo servirá para que no desempeñe bien su trabajo.

El sol no odia a los que lo odian a él, pues sabe que con el odio hacia otra persona no perjudicas a esa persona, simplemente sabe que al único que perjudica es a él, sabe que así entonces no brillará con el mismo color y mientras la otra persona seguirá con su vida normal, por eso no odia y simplemente perdona, olvida y sigue con su vida.

Por eso aunque haya viento y marea, aunque arrasen las tormentas y los rayos lo intenten atemorizar, el sol solo sabe mirar hacia adelante, se centra en aquello para lo que nació, en su talento, en su esencia.

Sus años de experiencia le enseñaron que en la vida siempre hay quien pone pegas u obstáculos, siempre hay quien está de acuerdo con su actuación pero también habrá quien no, sabe que aunque en un lugar haya nubes que tapen su brillo, habrá otros lugares en los que nada le impida brillar y otros en los que aunque no logre brillar por completo habrá huecos por los que podrá o momentos que lo dejarán.

El sol sabe que si deja que todas las circunstancias externas cambien su actitud ante la vida, la culpa de dejarse arrastrar por lo externo no la tiene nadie más que él mismo porque dejaría de realizar su trabajo, dejaría atrás su misión en la vida por unos cuántos que ven la vida desde otra perspectiva y sabe que con esa actitud no se arregla nada, al revés empeora porque al dejarse arrastrar no está haciendo aquello que más feliz le hace.

Sabe que hay millones de opiniones en la vida y que ninguna en sí es la mejor por eso no se deja arrastrar por otros comentarios u otras opiniones, simplemente respeta a los que no piensan como él y no se enfada, porque sabe que si se enfada lo único que consigue es estar él mal y cuando uno está enfadado hay un velo que impide ver el mundo tal y como es, todo lo ves más oscuro, perverso y eso a su vez hace que aún se sienta peor consigo mismo.

Cada uno de nosotros somos como el sol, tenemos una misión que es la que nos hace o nos hará brillar, a veces por circunstancias nos dejamos arrastrar por la opinión de otros o no hacemos algo por miedo e inseguridad entonces seguimos nuestra vida haciendo lo que otros aconsejan que es mejor para nosotros y es entonces cuando nuestra esencia es escondida y al no poder brillar nos sentimos depresivos, tristes, odiamos….. pero nunca es tarde para recuperar la esencia, simplemente hay que conectar con nuestro interior y darse cuenta de qué es lo que nos dice, puede ser que cueste escucharlo pues en ocasiones está tan escondido que a penas se escucha su voz, pero ten paciencia dedícale su tiempo a escucharte y tarde o temprano volverás a saber cual es tu misión en la vida.

Acuérdate del sol y saca de tu interior todas esas emociones negativas que no te están haciendo ningún bien, no mires los errores del pasado y no te atormentes por lo que pueda pasar después…. solo controlando el presente es cuando se consigue la mayor felicidad, la plenitud y la paz.

Recuerda que todos somos soles, que la luz la llevamos dentro y que solo depende de nosotros el que vivamos con el brillo de ser quien somos o en la oscuridad del miedo a brillar.

Texto de Raquel Alarcón ( Psicóloga en Murcia)

Cuando fracasamos

Si acabas de sufrir un ” fracaso” tanto en tu vida profesional como personal lo primero que te voy a decir aunque tal vez te sientas mal al leer estas palabras es ” no te preocupes “.

Esto es algo que le ocurre a todo el mundo, todos alguna vez en la vida sufrimos decepciones, fracasamos, nos caemos …
 
No hagas que tu vida sea aún más dura de lo que es encerrándote en tu lamento, tú puedes salir de ese estado emocional tan negativo por el que estás pasando y no lo hagas por nadie. ¡Hazlo sólo por ti!
 
Casi todo tiene solución
Cuando tenemos un fracaso por ejemplo emocional como suele ser una ruptura de pareja o bien en el trabajo, un despido … la mayoría de las veces por si no fuera poco ya lo que nos ha pasado, encima nos solemos autocastigar y generalizamos esa negatividad a otros ámbitos de nuestra vida y es ahí cuando se entra en un estado de estrés, ansiedad o incluso depresión.
 
Cuando esto te pase pregúntate a ti mismo ¿vale la pena autocastigarme tanto? ¿ qué voy a conseguir con esta actitud pesimista que estoy teniendo? ¿ mi vida va a mejorar teniendo esta actitud o por el contrario esta actitud va a hacer que mi vida pueda encima empeorar?
 
Una vez que te has contestado a preguntas similares a las que he expuesto arriba reflexiona y trabaja lo siguiente :
 
¿Tiene solución lo que he hecho mal?
 
* Si tiene solución no pierdas más el tiempo y ponte manos a la obra, es el momento de actuar… recuerda que los problemas no se solucionan solos mientras que tú los miras desde el sofá. Una persona sana emocionalmente se crece ante las adversidades intenta primero enmendar su error y si lo consigue se olvida de la acción pasada mucho antes .
 
* Si no tiene solución ¿ de qué te va a servir seguir así de preocupado y angustiado? ¿ eso va a hacer que te sientas mejor? ¿ tu problema se va a solucionar por arte de magia?
 
La respuesta a estas preguntas hará que te des cuenta de que cuando algo no tiene solución no sirve de nada seguir lamentándose, en estos casos lo mejor es que nos apliquemos el dicho ” De los errores se aprende “. Cuando se trata del ámbito personal lo mejor es reflexionar sobre cual o cuales han podido ser nuestros errores, de esta forma evitamos que nos vuelva a pasar en otra ocasión ya que llevaremos la ” lección aprendida “. Si el error lo has cometido en este caso tú con otra persona no hay nada más beneficioso que el pedir perdón, el decir un ” lo siento , me he equivocado”.
 
Cuando es otra persona la que nos ha ocasionado el daño, el rencor y el odio no van a servir para castigar a esa persona, sólo eres tú el que se está haciendo daño, tú no tienes el control sobre lo que te pueda hacer o no lo externo a ti, pero sí que tienes el control de como te vas tomando las cosas que te suceden. Saca esos sentimientos negativos de ti, no te pertenecen, no les des más poder, aprende de lo sucedido y sigue con tu vida, si tienes que tomar otro camino más beneficioso para ti ¡hazlo!
 
¿Has hecho todo lo que has podido?
 
En la mayoría de las veces nos estamos engañando cuando estamos echándole la culpa a lo exterior como causa o causas de nuestro problema o problemas.
 
A la larga debes saber, que esta actitud no te va a ayudar a que ese problema se solucione. En este momento lo mejor es tranquilizarte reflexionando sobre si de verdad he hecho todo lo que estaba en mi mano para que ese problema no surgiera y me saliese bien mi propósito.
 
Si la respuesta es afirmativa, lo más adecuado es aceptarlo, reflexionar como te he dicho anteriormente y aprender de los errores para que no vuelva a ocurrir y volver a intentarlo en otra ocasión.
 
Sin embargo, en caso contrario, hay que responsabilizarse de nuestro error y asumir toda la culpa. No se trata de atormentarnos psicológicamente con el problema, sino simplemente aceptar nuestro error con la máxima resignación para volver a levantarnos lo antes posible, y a la siguiente vez poner el máximo empeño posible para que no caer de nuevo en la misma piedra. ¡Nadie es perfecto!
 
Recuerda que después de las nubes siempre vuelve a salir el sol, que la vida es muy corta para vivir permanentemente en lamentaciones .
Escrito por la Psicóloga Raquel Alarcón Molina. (Centro de psicología en Avda. General Gutiérrez Mellado, 9, 1ª planta Centrofama, Murcia)
 

Depresión sonriente

depresión sonriente

En la sociedad está mal visto cuando preguntamos a alguien ¿qué tal estás? y la respuesta es – Mal.

Vivimos tan  encerrados en nuestros problemas que no nos paramos a pensar en el bienestar del otro.

Cuando nos hacen esa pregunta lo “políticamente correcto” es decir – Bien.

De esta manera nos ahorramos tener que dar explicaciones y a la otra persona no la ponemos en compromiso ¿ pero qué pasa detrás de esa falsa respuesta?.

Un alto porcentaje de personas que padecen depresión hacen grandes esfuerzos para ocultarla y este hábito no suele ser beneficioso para ellos.

El callarnos o el enmascarar nuestras emociones puede llegar a agravar el problema, incluso puede llegar a desencadenar otro tipo de enfermedades tales como de tipo digestivo, cardiovascular, del sistema inmunitario…

Si  bien es cierto que tampoco es beneficioso convertir nuestra vida y rutina en quejas continuas, de nada vale la queja sin la acción.

Hay personas que han cogido el hábito de la constante queja esperando o bien que ocurra un milagro y de repente un día se levanten y estén curadas o bien que venga otra persona externa y le resuelva su problema.

Cuando notamos que algo no va bien, lo mejor es contarlo a aquellas personas que tenemos de confianza y sabemos que nos puede ayudar ( no se trata de hacerlo público y menos en redes sociales, pues habrá quien te entienda y quien no ,en los casos en los que se busca  ese falso halago, lo único que se consigue es engañar por un tiempo muy limitado al ego) y buscar un profesional bien cualificado que nos ayude a solucionar nuestro problema.

Recientemente se están empezando a crear términos como  ” depresión sonriente” haciendo referencia a estas personas que esconden su dolor detrás de una apariencia normal.

Este tipo de comportamiento suele ser típico de personas que son muy perfeccionistas, que se cargan de responsabilidad que en la mayoría de veces no les corresponde también  son personas introvertidas, en su mundo no conciben eso de buscar ayuda pues para ellos es un símbolo de debilidad, ellos suelen ser los que siempre ofrecen su ayuda a los demás pero en cambio no saben pedir ayuda y cuando les viene algua ayuda tampoco son capaces de aceptarla sin más.

En tus manos está ¿ vas a seguir llevando esa máscara o ha llegado el momento de quitártela?

 

Escrito por la Psicóloga Raquel Alarcón Molina. (Centro de psicología en Avda. General Gutiérrez Mellado, 9, 1ª planta Centrofama, Murcia)

¿Qué hacer cuando te defraudan?

Algo muy normal, que nos suele pasar a todos es precisamente esto, alguien ya sea familiar, amigo… en definitiva alguien en quien teníamos plena confianza de repente llega un día y nos defrauda. Entonces sentimos como si nuestra alma se hubiera partido en dos, nuestro corazón se rompe en mil pedazos y en base a nuestros propios caracteres podemos reaccionar de varias maneras.

Estilo pasivo: Aquel que ante lo ocurrido se queda quieto, es incapaz de actuar ni hacer nada.  A este tipo de personas les suele ocurrir continuamente lo mismo, al no actuar ni reaccionar, todo les vuelve a pasar, es como si estuvieran viviendo en una espiral y no saben salir de ahí.

Estilo agresivo: Aquellos que ante una traición actúan con otra traición, incluso esta puede llegar a ser aún más grande. En su vida diaria, viven con ira y rabia y son incapaces de tener relaciones plenas pues tal rabia les ciega. Es lo que cotidianamente se suele llamar “ojo por ojo”.

Estilo asertivo: Aquellos que ante la injusticia de lo ocurrido son capaces de hablar con la persona que les ha traicionó y de manera civilizada exponerle su punto de vista, su percepción y opinión de lo ocurrido. Sabe perdonar pero tampoco está dispuesto, ni va a tolerar que se le siga traicionando.

Estos tres puntos son los más generales que se suelen dar, pero podría decirse que sobre estos se dan otras variaciones derivadas.

Por ejemplo, hay quien mantiene una actitud pasiva en ese aspecto son incapaces de mostrar ante la otra persona ningún gesto al respecto, pero en su interior va acumulando ira, rabia, tristeza, malestar…. y lo que no se da cuenta es, que todo eso que va acumulando y amontonando tarde o temprano tiene que salir.

¿De qué manera puede salir todo esto?

Aquello que acumulamos y que no llega a salir acaba convirtiéndose en enfermedad ya sea ansiedad, depresión, úlceras problemas cardíacos…. Pero también estas personas que en principio son pasivas, llega un momento en el que estallan y su estilo pasa a ser agresivo.

También está ese estilo de personas que se pasan la vida culpándose de todo, aunque ellos no hayan hecho nada o no tengan nada que ver con el problema, tienen tan interiorizado el papel de víctima merecedora de todo mal, que son incapaces de entender otro tipo de realidad.

En la versión contraria a este estilo están aquellas personas narcisistas que no ven error ninguno con respecto a su persona, hagan lo que hagan todo lo hacen bien y no les importa nada más que no sean ellos mismos, toda la culpa la tienen los demás.

Y así podríamos estar relatando otros muchos estilos que tenemos las personas, pero no es mi intención.

Una vez expuesto brevemente algunos de estos estilos habrá quién se  preguntará ¿como me comporto cuando alguien me defrauda?

Cometemos el error de pensar que las personas están ahí para y por nosotros, que quienes nos conocen tienen que saber en todo momento lo que queremos, como lo queremos y lo que necesitamos, les damos a las personas un poder que no tienen “el de leer la mente”.

Muchas veces nos sentimos defraudados precisamente por esto, porque esperamos las cosas sin pedirlas o explicarlas de manera correcta, damos por hecho que como la otra persona me conoce ya va a saber lo que quiero y cuando no nos dan lo que esperamos entonces se nos viene el mundo abajo.

Realmente suele pasar que ni siquiera nosotros mismos nos conocemos realmente, aunque cometemos el error de creer que sí. ¿Cuántas veces en una determinada situación hemos actuado de una manera que no habíamos sacado hasta ahora y nosotros mismos nos hemos sorprendido con nuestra actuación?

En la sociedad nos enseñan muchas cosas pero olvidan algo muy importante, y es aprender a conocernos a nosotros mismos.

¿Realmente conocemos aquello que nos gusta realmente o es en su mayoría impuesto por la sociedad?,¿cuantas veces sucede que alguien se matricula en una carrera ( por poner un ejemplo) creyendo que lo hace porque realmente quiere pero en verdad, en el fondo de su ser, lo ha hecho por imposición familiar, de amigos, del entorno…?

Pues bien, si ni siquiera tú sabes realmente quien eres y qué quieres ¿como puedes esperar que los demás te vayan a dar eso que tú estás pensando?

Si quieres o necesitas algo ¡pídelo!, trata de que la otra persona lo sepa y lo entienda.

Pero también es importante, no esperar nada, esto es lo que nos hace mas libres de carga, esperamos demasiado de las personas y de la vida y esto hace estar atados y enojados continuamente.

Lo mejor para nuestra salud mental es como ya he dicho otras veces“ no esperar algo en concreto”, esto nos libera de esa carga emocional que se produce cuando no te dan lo que tú esperas, cuando nada esperas y dejas de machacarte te evitas muchos disgustos y verás como te sientes más tranquil@., te liberas, ya no recibes respuestas negativas, al revés, lo que te puedes llevar son sorpresas positivas.

En los casos en los que alguien de confianza te defrauda o te causa algún tipo de daño, lo mejor ( si se puede) es que hables con esa persona y que entienda tu punto de vista así como tú el suyo, de esta manera se pueden arreglar muchas cosas, pero ya está en ti valorar si merece la pena seguir manteniendo a esa persona en tu vida.

Si la perdonas, procura que en ese perdón no exista el rencor ni el “ojo por ojo” ya que de esta manera a quien verdaderamente dañas es a ti mismo más que a la otra persona y pierdes gran parte de tu tiempo con pensamientos negativos que no te van a hacer ningún bien, así que si perdonas…. OLVIDA.

Pero si te encuentras en el caso de que aquel que te daño lo hizo con conciencia de causa o bien tiene por costumbre actuar a sus anchas egoístamente sin importarle las consecuencias, lo mejor es que te alejes de esa persona, por mucho que te cueste, por muchos años de amistad o relación, así como si quien te daña a propósito es parte de tu familia, no lo consientas, a veces mantenemos a personas en nuestra vida por simple rutina o por miedo al cambio y al qué dirán, pero cuando esto te pase recuerda: VIDA SÓLO TENEMOS UNA Y ESTAMOS AQUÍ PARA DISFRUTAR, NO PARA SUFRIR.

Elimina rencores, miedos, quiérete primero tú sólo así aprenderás a querer a los demás.

No hagas aquello que no quieres que te hagan a ti, la vida es como un boomerang, al final todo lo que mandamos vuelve.

No tengas miedo a la soledad, a veces la vida se las ingenia para que pasemos por periodos de soledad, ante esto lo que nos quiere decir es que es hora de conocernos, de explorar más allá de lo que hasta ahora creíamos y cuando aprendemos el porqué de esa situación, podremos observar que todo cambia y lo que queremos viene.

Ama tú primero si quieres ser amado, con libertad y si el amor no es correspondido ¡suéltalo! aprende de ello, de los errores ¡algo mejor te está esperando!

Escrito por la Psicóloga Raquel Alarcón Molina. (Centro de psicología en Avda. General Gutiérrez Mellado, 9, 1ª planta Centrofama, Murcia)

 

Me siento perdido ¿y ahora qué hago yo?

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¿Cuántas veces hemos oído o hemos sentido esa frase típica de “me siento perdido”?

Supongo que casi todos alguna vez hemos tenido esa sensación de vacío de no saber qué hacer, de sentirse como cuando vas a un país nuevo dónde no conoces nada y estás sólo, no conoces el idioma, las costumbres…. Pero no estás en un país diferente, ni si quiera te has ido a otro planeta, estás en tu entorno, en el espacio que habitas a diario pero en cambio empiezas a darte cuenta, empiezas a ser consciente, de que algo falla y lo comparamos con esa sensación de agobio que sentimos cuando nos perdemos en algún sitio nuevo y extraño.

¿Sabes por qué te está pasando esto?

A veces corremos más rápido de lo que en realidad entendemos , de lo que en realidad nos apetece, solemos dejarnos llevar por lo exterior, por las modas , por lo que quieren nuestros padres, por lo que nos dicen nuestros amigos, por lo que “está establecido” en la sociedad que tiene que ser así, por un modelo lineal en el cual no nos podemos salir ya que si lo hacemos parece que estamos haciendo algo malo y nos sentimos o mejor dicho, nos hacen sentir que somos un bicho raro.

Es por eso por lo que a veces sentimos ese vacío de no saber hacia dónde tirar, de sentirse extraño de repente.

¿Sabemos lo que queremos en realidad?

Creemos que sí pero en la inmensa mayoría de las veces la respuesta es , no, y esto es así porque la mayoría de las veces no nos hemos sentado a pensar ¿ cómo quiero que sea mi vida?

Nos dejamos llevar por lo que nos viene, sin un plan de vida, dejándonos arrastrar por el mundo, por el tiempo, sin pensar.

Y llega un momento en el que nuestro subconsciente nos da un toque de atención ¿y cómo lo hace? Pues con nuestro malestar, con esa sensación de estar perdido, vacío.

En nuestra vida diaria, sólo somos conscientes de aproximadamente el 7%, lo demás queda en el olvido, encerrado dentro de cada uno, pero a veces el subconsciente quiere hacerse consciente y la única manera que tiene de salir es dándonos ese pequeño toque de atención que a veces tanto daño nos hace.

Cuando esto pasa, sientes que en tu vida falta algo o empiezas a darte cuenta de que no te sientes bien contigo mismo, es el momento de que empieces a hacer lo que hasta ahora tal vez no hayas hecho y es, sentarte a pensar o reflexionar sobre aquello que sientes que te hace vibrar.

Empieza a darte cuenta de las cosas que verdaderamente te hacen feliz, el trabajo que quieres, la vida que te gustaría tener…

A veces es difícil darse cuenta de lo que nos gusta, en este caso lo que podemos hacer es empezar por darnos cuenta de aquello que no nos gusta y una vez que aprendemos a detectar todo aquello que no nos gusta de nuestra vida empezaremos a darnos cuenta , poco a poco, de lo que sí que nos gusta.

Este ejercicio que parece tan sencillo, en realidad no lo es, pues nos cuesta un cierto sufrimiento y no se hace así a la ligera, también lleva su tiempo, a veces más o a veces menos, es cuestión de cada persona y de cómo de evolucionada esté.

En el momento en el cual, tienes detectado perfectamente lo que quieres y lo que no, es hora de empezar a fijarte tus propias metas, empieza con metas pequeñas que puedas ir logrando poco a poco, ya que si las metas son muy grandes, también significa que cuesta el doble de conseguir y al final puedes acabar desmotivándote, si es así de nada ha servido el esfuerzo que has hecho antes.

En el momento que ya tienes esas pequeñas metas que finalmente te irán llevando a aquella más grande que quieres conseguir, es el momento de que fijes el “cómo vas a ir a por cada meta que te hayas trazado”, es decir, cómo quieres que sea el camino para alcanzarla, tienes que anotarte todos los pasos que tienes que seguir para conseguirla y esos pasos una vez que están bien fijados haz de seguirlos en orden, de nada sirve que te vayas saltando ese orden que te has puesto para conseguirla pues de esa forma al final acabará en un fracaso y por lo tanto otra desmotivación.

Alégrate por cada pequeño paso que vayas dando, por pequeño que sea ya es algo más conseguido, algo nuevo que antes no tenías.

¡Motívate a ti mismo! Empieza a hablarte positivamente y a no darle importancia ni al qué dirán, ni a nada, pues si te hace feliz a ti y no haces daño a nadie, los demás no tienen que importante, recuerda que sólo tenemos una vida y que una vez que acaba ya nada podemos hacer, así que hazte consciente que estás en esta vida para ser feliz TÚ.

La felicidad es intrínseca, viene de uno mismo, no del exterior, has de ser feliz primero tú para ser feliz con alguien, no le eches la culpa a tu entorno de tus fracasos, de tu tristeza, de tu falta de motivación o de tu escasa felicidad.

Y recuerda, todos tenemos nuestras rarezas, nuestros miedos, nuestros gustos y cada uno es feliz a su manera, así que empieza a crearte esas metas que finalmente te van a llevar a lo que todos al fin y al cabo queremos en esta vida, que es SER FELIZ.

Escrito por la Psicóloga Raquel Alarcón Molina. ( Centro de psicología en Avda. General Gutiérrez Mellado, 9, 1ª planta Centrofama, Murcia)